El barrio cumple 100 años.
El más barrio de todos.
Hace un siglo que dejaba
de ser un reducto fabril
llamado Corrales Viejos y
el entonces intendente
Bullrich lo refundaba con
su nuevo nombre. Una
ordenanza municipal
rebautizó al paseo que
había entre los mataderos
y lo denominó Patricios.
Como suele pasar, la parte
le dio el nombre al todo:
la zona entera empezó a
llamarse, simplemente,
Parque Patricios.
Con la llegada del tranvía
las tierras comenzaron a
valuarse y muchos de los
que vivían hacinados en
los conventillos del
centro se mezclaron con el
malevaje. Fue un lugar
donde la vida no era
sencilla y dependía mucho
del manejo del facón,
sitio de guapos, un punto
de encuentro entre el
campo y la ciudad.Este lugar de Buenos Aires
vio pasar toda la historia
por sus calles y todavía
resiste ahí, entre Pompeya y Barracas,
rodeado de fábricas
cerradas al sur. En la
esquina de Rioja y Caseros
se sufrió la represión
de los obreros de la
Semana Trágica de 1919,
se bailó en los 40 el
tango más porteño, en
los 70 se festejó el
campeonato del Globo y se
lloró por la derrota de
Ringo con Ali. Volver a
Patricios es reencontrarse
con esa historia.
En septiembre serán los
festejos del centenario. Y
se harán como se debe. Un
mes de homenaje con
actividades en todos los
lugares del barrio.
Arranca el domingo 1° y a
partir de ahí no frenará
hasta el 29. Se harán
barrileteadas, torneos de
fútbol, truco, bochas, vóley.
Bailarán murgas y se
soplarán las velitas en
una enorme torta en la
esquina del parque. Habrá
una radio abierta, visitas
guiadas y paseos en
carruajes viejos. El último
día, los campeones de los
torneos recibirán sus
medallas y en el Tomás
Ducó se entregará la
Copa Centenario al ganador
del partido Huracán-Independiente.
No importa de dónde
venga, el que se siente
hincha de Huracán es un
poco de Parque Patricios.
Porque este barrio también
es un poco Huracán.