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A 89 AÑOS DE LA MUERTE DEL LEGENDARIO AVIADOR

1 de marzo del 2003
Investigan ahora el accidente en el que murió Jorge Newbery 



La Fuerza Aérea quiere determinar las causas técnicas que hicieron caer el avión que Jorge Newbery piloteaba en Mendoza. Se trabajará a fondo sobre la autopsia original del accidente.

Tan entusiasta del deporte como ampuloso dandy y, claro, un pionero de la aviación. Era febrero de 1914, cuando Jorge Newbery registró la marca mundial de altura con 6.625 metros. A las pocas semanas, ya estaba listo para batir su propio récord. 

Quería cruzar los Andes y viajó a Mendoza para estudiar las posibles rutas. Pero antes de regresar a Buenos Aires accedió a un pedido de algunos admiradores que lo querían ver volar. El primer día de marzo de 1914, Newbery se subió a un avión para demostrar la serie de piruetas que había aprendido en uno de sus viajes a Europa. Pero en el aire, el aeroplano no le respondió y cayó. El aviador murió en un accidente que ocurrió hace exactamente 89 años, pero que recién ahora se está investigando a fondo.

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la tragedia que llevó a Jorge Newbery a convertirse, a los 38 años, en un personajes mítico de la Argentina. A casi noventa años del accidente, se inició por primera vez una investigación con el objetivo de encontrar las causas técnicas que llevaron a la caída del avión. La tarea la realiza la Junta de Investigaciones de Accidentes de la Fuerza Aérea, con el asesoramiento del Comodoro retirado Luis Ortiz, el mismo que en 1997 investigó la muerte de Carlos Gardel.

"La investigación se realiza recién ahora porque para el momento en que sucedió el accidente no existían las herramientas que posibilitaban una investigación sistemática. Y con el paso del tiempo, tampoco le dieron importancia", explica Ortiz.

Uno de los "datos clave" que se está investigando es la autopsia que mandó a hacer el juez al momento del accidente. "Ahí se puede encontrar una explicación de por qué el avión aterrizó de esa forma, teniendo en cuenta las heridas y los golpes que recibió Newbery al caer. Y tener así alguna pista de por qué se produjo el accidente, que es el objetivo principal de la investigación", explica.

La tarea comenzó en octubre del año pasado. Y según comenta Ortiz, se sostiene en toda la documentación periodística y judicial de la época. Es que pasaron muchísimos años desde aquella tragedia y sólo queda un testigo de lo que pasó en Mendoza.

Es el brigadier mayor Ricardo Olmedo, un hombre de 97 años, que sólo contaba ocho cuando vio en Mendoza estrellarse el avión del polifacético Jorge Newbery.

Aquel 1° de marzo, cuenta Olmedo, la familia festejaba el cumpleaños de su madre, doña María Teresa Marchetto, en la finca que tenían en Guaymallén, a cinco kilómetros de la capital mendocina.

"En esa época los coches eran tirados a caballos. Por eso, cuando escuchamos el ruido de un motor nos llamó mucho la atención a todos. Mi padre gritó: '¡El aeroplano!'. El sabía que Newbery estaba en Mendoza, y estaba seguro de que ese avión sería el de él", recuerda Olmedo con absoluta lucidez.

"Todos salimos a ver el vuelo", continúa. Pero lo que siguió fue la tragedia: "El aeroplano se inclinaba mucho sobre su lado izquierdo y caía a gran velocidad. Mi padre, que era oficial del Ejército y entendía de aeroplanos, fue el que nos anticipó el desastre: 'Se cae, se cae', gritó", cuenta en diálogo con Clarín.

Newbery se decidió a emprender el que sería su último vuelo al volver de un almuerzo con Rufino Orgefa, el entonces gobernador de Mendoza. Se encuentra en el hotel con unas familias amigas. Una chica lo desafió a volar.

Difícil fue para el aviador esquivar la sugerencia de aquella agraciada niña. Newbery no tenía su avión en Mendoza. Pero un amigo suyo, Teodoro Fels, fue quien se lo prestó. Antes de dirigirse al autódromo, Jorge le ofrece a uno de sus amigos, Benjamín Giménez Lastra, si quiere volar con él. "Con mucho gusto", responde el hombre entusiasmado.

Fels le avisa a Newbery que la máquina estaba tirando del ala izquierda. El, despreocupado, insiste en que se encargará de probarlo. Jorge no tenía el relicario con el recuerdo de su madre que utilizaba en cada viaje como amuleto. Pero no le dio mayor importancia; una de las jovencitas le había acercado una medalla de la Virgen de Lourdes para la suerte. 

El avión tomó vuelo y se perdió en las alturas. Le había prometido a su amigo Giménez Lastra, al que él llamaba Tito, demostrarle unas pruebas que había aprendido en Francia.

Comenzó a hacer un looping, una de esas piruetas en las que el aeroplano da una vuelta de 360°, pero al intentar estabilizar la máquina, Newbery se da cuenta de que no podrá controlar el avión.

La máquina se encapricha en inclinarse sobre su ala izquierda. "Caía con mayor rapidez de la que avanzaba", describían. "Se cae, se cae", se escuchó desde una finca cercana.

copyrigth Clarin

 

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