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“Nació en un barrio con malvón y luna
por donde el hambre suele hacer gambetas...”
Nada mejor que un tango, en este caso con letra de
Homero Expósito y música de Aníbal Troilo, para
evocar a un club profundamente consustanciado con
el sentir porteño.
Porque Huracán es sinónimo de un pedazo de Buenos
Aires, de un Parque Patricios donde en las
tardecitas de verano todavía puede verse gente
sentada en la vereda, prolongando la ronda del
mate, mientras sus sueños apuntan al querido
“Globo”, deseando que repita el éxito del ’73.
También de Pompeya y Soldati, barriadas cercanas
con rezongo de bandoneón y pasión futbolera.
Cien años transcurrieron desde el 1 de noviembre
de 1908 e innumerables recuerdos, anécdotas,
alegrías y tristezas quedaron reflejadas en miles
de páginas.
Si bien el fútbol es el núcleo, el Club Atlético
Huracán también tiene una intensa vida social y
cultural. Nacido cerca de la “quema”, el predio de
Zabaleta y Amancio Alcorta donde iban a parar los
residuos de la ciudad, el mote de “quemeros” no
tardó en identificar s sus hinchas.
Guillermo Stábile, Herminio Masantonio, Cesario
Onzari, “Tucho” Méndez, René Houseman, Miguel
Brindisi, Carlos Babington y el “Turco” Mohamed,
son algunos de los nombres de la ilustre galería.
Pero si de figuras emblemáticas se trata, nada
mejor que Oscar Natalio Bonavena, el inolvidable
“Ringo”, para distinguir al “Globo”.
Así es Huracán, una entidad en la que Jorge
Newbery también ocupa un sitio preponderante y
donde una melodía tanguera parece acompañar las
jornadas en el “Palacio Tomás A. Ducó”, un estadio
que supo contar con Homero Manzi, el de Malena” y
“Sur”, en sus gradas.
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