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El primer asesino serial



 

el "petiso orejudo" fue el primer asesino serial argentino



 

  El petiso orejudo
El petiso orejudo

La vida de Santos Godino, acaso el primer asesino serial de la historia local, aun sigue estudiada y analizada. Algo queda en claro: se está en presencia de un caso de degeneración detonada por el abandono social del cual fue víctima. A los 16 años, en 1912, se puso fin a un siniestro raid de atrocidades que había comenzado cuando Godino, a quien llamaban "El Petiso Orejudo", tenía solo 8 años. En el lapso, asesinó a cuatro niños y atacó a otros siete. Su actuación tiene una precisa geografía: la zona delimitada por Parque Patricios, Villa Soldati y el Bajo Flores.

Durante su juicio los forenses coincidieron: la manifiesta limitación de inteligencia y entendimiento, su absoluta incapacidad para simbolizar y la falta de las mínimas condiciones para detectar áreas de sentimiento o de raciocinio, lo definen como un imbécil. En rigor, un inimputable. Lo absolvieron, pero la Cámara de Crimen revocó ese fallo y lo condenó a perpetua.

Fue alojado en la entonces Peniteciaría Nacional ubicada en Palermo. El clamor popular, a la manera de venganza, obligó a las autoridades a enviarlo al penal de Tierra del Fuego. Llegó allí en 1923 y en 1944 fue linchado por otros presos, acusado de haber arrancado los ojos a un gato mascota de la población carcelaria.

Cayetano Santos Godino, tal su nombre de familia, no encontró su lugar en el mundo. Hijo de inmigrantes italianos, jamás recibió el mínimo afecto por parte de su padre, de profesión farolero -encendía el alumbrado a gas- y su propia madre sugirió que fuese encerrado en un reformatorio en sus primeras correrías, cuando tenía siete años. Padre alcohólico y golpeador, madre abandónica, un exacto cóctel para moldear toda una personalidad. Comienza su loca pesadilla con el atentado contra Miguel De Paoli, una criatura de año y medio. Le inflinge torturas y es sorprendido por la policía. Tras algunas horas es devuelto a su hogar. La crónica terrorífica se cerraría en 1912.

Fue ese el año en que los habitantes de la zona se aterrorizan ante la presencia de "un monstruo". En enero, asesina al niño Arturo Laurora. En marzo, prende fuego al vestido de una nena, que muere por las gravísimas quemaduras recibidas. En noviembre, intenta asesinar a otro niño, a quien encuentran semi-asfixiado en un baldío, con el cuello apretado por una correa.

La historia del terror está llegando a su fin. El 3 de diciembre de 1912, un grupo de chicos jugaba en la puerta de una casa en Pedro Echagüe 2185. Uno de ellos, Gerardo Giordano, de tres años, desaparece. El barrio entero colabora con la policía en el rastreo. Santos Godino es uno de los "buscadores": el infortunado niño es encontrado en un baldío. Tenía 15 vueltas de cordón alrededor de su cuello y un clavo en la sien.

La única pista la prodiga una niñita de la zona quien asegura haber visto a Gerardo con un "petiso orejudo", que le compraba un chocolate. Santos Godino es detenido cuando concurre al velatorio de su víctima. Cuando el comisario le pregunta por su presencia, atina a responder "quería ver si todavía tenía el clavo en la cabeza". Confiesa cuatro asesinatos, siete atentados contra niños y detalla ser responsable de varios incendios. Le descubren 27 cicatrices en la cabeza como resultado de la palizas familiares. Para ese tiempo, la familia había sellado su definitiva ausencia y retornado a la Calabria.

 

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